nadie
No hay nadie golpeando la puerta, pero la abro esperando que mis manos sedientas vomiten su esencia. En cinco minutos viene la noche y con ella el olor nauseabundo de todos los recuerdos muertos. Pisados por la ametralladora del olvido, tu madre te llama todos los días para regresar al útero. Vos cerrás la puerta porque sabes que del otro lado no hay nadie, aunque quisieras. Los fetos se transformaron en ojos. Y en bocas. Y rostros sin sentidos con una mira en el ojo. Y en el pecho. Adelante, dispara. Mi pecho esta protegido contra dolores. Tiene una coraza de milanesas rebozadas con un poco de chucrut. Y sabes que es cierto. El olor que te persigue no es más que el dulce aroma de la intimidad. Si estas tan lejos, volvé, que te preparo la sopa con caldito de letras. Y la cama con pétalos de rosas. Sabés que el mundo gira y la puerta sigue abierta. El auto sigue en carrera hacia el infinito y más allá. Verdes como siempre, las preguntas se asomaron desde tu balcón para recordarme que los puentes que odias son los que yo hice por ti. El recuerdo nefasto de tu gato me irrita el cartílago. No tienes que seguirme siempre. Pero yo tampoco cortó el hilo que te ata a mí. Estas. Y yo también estoy. Pero ahora vuelo con mis propias raíces. Las tuyas podalas vos.

